
domingo 1 de noviembre de 2009
martes 6 de octubre de 2009
martes 15 de septiembre de 2009
Artículo publicado en Revista Planta / #10 - Septiembre de 2009
1. Los años 90: una vuelta de tuerca
Según el relato convencional, si durante los años 60-70 gran parte de la juventud adhirió, en sentido amplio, a una causa política (desde la militancia de base hasta la participación en organizaciones que habían optado por la lucha armada), una vez terminada la dictadura, con el retraimiento de los jóvenes hacia posiciones descomprometidas, esa tendencia se invirtió. Se habló entonces de descreimiento de la política a secas y de que uno de los mayores triunfos de la dictadura y de la década neoliberal habría sido ese, “despolitizar” a la sociedad en general y a la juventud en particular. Ahora bien, habría que pensar las limitaciones del alcance de este imaginario. ¿No podría ser que corresponda a un sentir de clase y que el tren de la organización pasara por al lado de nuestros enceguecidos ojos de clase media? Sólo a modo de ejemplo y sin pretensión de hacer una medición exhaustiva del índice de movilización de la época, para acercarnos a una respuesta al interrogante planteado arriba, podríamos aportar algunos datos. Por ejemplo, podríamos registrar un hecho verificado por sociólogos y politólogos del más amplio arco ideológico: la conformación, desde fines de los 80, de nuevas y múltiples organizaciones integradas por trabajadores desocupados (la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat, la Corriente Clasista Combativa, el Movimiento Teresa Rodríguez, el Movimiento de Trabajadores Desocupados), algunas de ellas asociadas al movimiento piquetero, creadas para hacer frente al nuevo modelo económico-político que, según lo ya archiconocido, la dictadura ayudó a instalar y el menemismo terminó de implementar.
¿Y qué pasó en el mundo estrictamente sindical? Aunque quizás, tras los años 90, una de las marcas más fuertes que quedaron en el imaginario colectivo de la clase media sea la percepción del sindicalismo corrupto, los datos de la realidad pueden contradecir esta imagen instalada. Porque la arena sindical no estaba ocupada sólo por la CGT oficial que apoyaba las reformas encaradas por el gobierno de Menem. Por el contrario, frente a esta rama cegetista, estaba, por un lado, la CGT rebelde de Moyano y, por el otro, un sector del sindicalismo que eligió por la salida de la Confederación y que fundó en 1996 la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA). Ambas líneas sindicales se encargarían, desde modelos organizativos diversos, de movilizar a los trabajadores contra la flexibilización que, impulsada a toda máquina desde el gobierno, suspendía derechos laborales básicos.
Entonces, lo cierto es que la aparición de piqueteros, de movimientos de desocupados, de organizaciones territoriales y de nuevos modelos y líneas sindicales vendría a confirmar que el famoso “fin de la política” de los 90 no fue tal. Como vimos, al menos parte de los sectores populares descreían de la realpolitik de los nuevos tiempos (y no de la política a secas) y practicaban nuevas formas de movilización para hacerle frente. Esto da cuenta de que el potencial organizativo, lejos de ser vaciado, se transformó. Para ilustrar este cambio, pensemos que si antes la figura disruptiva era el trabajador combativo (el 65% de los detenidos-desaparecidos fueron delegados gremiales jóvenes), al iniciarse la década pasada el lugar de la máxima combatividad pasó a estar reservado no sólo a trabajadores, en una posición cada vez más frágil, sino también a los millares de desocupados que la política económica de los 90 dejó como palpable consecuencia. A este respecto las cifras son bien claras: si para 1990 la tasa de desocupación era del 6%, en octubre de 2002 pasó a ser del 14. 7 %.
2- Nuevas experiencias de organización
SIMECA
Junto al desempleo y la creación de leyes laborales que precarizaban los puestos existentes, en los 90 se multiplicaron las personas en edad activa que obtenían su sustento en actividades relativamente nuevas, en general con alto nivel de informalidad: desde paseadores de perros y puesteros en ferias al aire libre, hasta empleados de servicios técnicos tercerizados. En este panorama heteróclito de informalidad, hay una actividad que se volvió muy visible en los nuevos tiempos: el servicio de mensajería. Basta pasar cualquier día de la semana al mediodía por la 9 de Julio para divisar conglomerados de motos estacionadas en las paradas y los comedores que le son especialmente destinados.
Las condiciones laborales de este gremio eran (y son) particularmente críticas: falta de marco regulatorio propio para el sector, 70 % de trabajo en negro, jornadas laborales que superan las 8 horas, aprovisionamiento del propio trabajador de los instrumentos necesarios para desarrollar su tarea (ropa, handy, moto), salario atado a la productividad, o sea, a la cantidad de viajes hechos. Este último punto es el que hace muy peligroso el trabajo de mensajería; como indica un motoquero, dado que en el sector la superproductividad “significa acelerar a 100 kilómetros por hora en la 9 de Julio y Corrientes”, los índices de mortalidad alcanzan niveles muy altos (se registra un promedio de ocho muertes por mes en Capital Federal). La ecuación es simple: para llegar a percibir un salario racional, es necesario subir la velocidad de la moto.
Sobre el fondo de ese estado de cosas, a fines de los 90 un grupo pequeño de trabajadores comenzó a organizar asambleas de mensajeros. De esa experiencia surgió en 1999 SIMECA (Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes) que hoy cuenta con más de 1400 afiliados, y que se referencia en la CTA. Con una modalidad organizativa que privilegia el trabajo en cada agencia, los triunfos se hicieron esperar, pero finalmente son palpables. Así, el sindicato logró el blanqueo de muchos compañeros, luego de obligar al gobierno de la Ciudad a hacer un registro de agencias; consiguió que la mayoría de los empleadores pague al trabajador la mitad del valor del viaje, que duplique ese valor los días de lluvia y que se haga cargo del handy.
El camino reivindicativo a seguir es todavía muy largo. Dentro de lo gremial, el reclamo más urgente es el del salario fijo, que ayudaría a reducir notablemente los índices de mortalidad que tiene la actividad. Por otro lado, SIMECA busca desde hace años que el Ministerio de Trabajo le otorgue la personería gremial. Este otorgamiento ampliaría sus posibilidades de acción al brindarle al sindicato un amparo legal que, sumado a la fuerza de la base, vendría a apuntalar el trabajo que viene haciendo hasta hoy.
METELE y el Observatorio de la Actividad Editorial
En el 2008, diez años después de la creación de SIMECA, surgen dos intentos de organización sindical que, más allá de las diferencias entre las actividades, tienen un punto de contacto con el sindicato de mensajeros: nos referimos a Metele (Movimiento de Trabajadores y Educadores de Español como Lengua Extranjera) y al Observatorio de la Actividad Editorial, dos proyectos organizativos cuyos miembros son, como los del sindicato de motoqueros, en su mayoría menores de 30 años.
La docencia de español para extranjeros como actividad económica, si bien ya existía en los 90, cobró una aceleración importante tras la devaluación que posicionó a la Argentina como un destino turístico no sólo seductor sino también muy barato. Sin ninguna estadística oficial (derivada de la ausencia de regulación y registro estatal de la actividad), los miembros de Metele estiman, a partir de un censo realizado por ellos mismos (cuyos primeros datos están disponibles en lacarteleradelmetele.blogspot.com), que solamente en la Ciudad de Buenos Aires hay unos 500 profesores. Las condiciones laborales tienen varios puntos de contacto con la de los motoqueros, haciendo la salvedad de que ningún profesor de español expone su vida si enseña la oposición indicativo-subjuntivo a toda velocidad: 22% de trabajo en negro, 58% de monotributo, sueldo atado a la productividad (se cobra por clase dictada). La falta de vacaciones pagas, aguinaldo, licencias por enfermedad, indemnizaciones, además de la inestabilidad del empleo y del salario, que se derivan de la primacía del monotributo, constituyen los primeros blancos contra los que Metele se propone luchar. Más a largo plazo, esta agrupación sindical tiene como objetivo crear un marco legal que reconozca las especificidades de la actividad. El mismo reglamentaría cuestiones que tienen que ver estrictamente con las condiciones de trabajo de los docentes, pero también otras vinculadas a lo académico. Dentro de estas últimas el tema del título habilitante es un punto importante frente al cual Metele ya empezó a delinear una posición. Según se lee en su primer boletín, la intención sería asegurar la calidad académica de las clases sin poner en peligro los puestos de trabajo existentes. Por ello, la organización apunta a que pueda establecerse algún tipo de certificación donde no sólo tengan validez los estudios realizados, sino también los años ya trabajados como docente.
A diferencia de lo que sucede en la enseñanza de español para extranjeros o la mensajería, la mano de obra empleada en las distintas ramas de la actividad editorial no es necesariamente joven; sin embargo, los impulsores de la iniciativa de sindicalización, egresados y estudiantes de la carrera de Edición de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, sí lo son. En cuanto a sus condiciones de trabajo, los principales problemas que encuentran los profesores de español se asemejan a los que en su propio gremio registran los miembros del Observatorio (observatoriodeeditoriales.blogspot.com). Pensemos que el proceso editorial involucra a múltiples trabajadores, tantos como ramas tiene la actividad: editores, diseñadores, correctores, ilustradores, traductores. Las grandes editoriales suelen tener un trabajador a cargo por área, contratado como la normativa vigente lo exige, y luego emplea en calidad de monotributistas al resto de los trabajadores necesarios para que el producto libro llegue a los anaqueles de la librería. Entonces, otra vez, nos encontramos con la presencia fuerte del monotributo y de las consecuencias que de él se deducen (falta de vacaciones, aguinaldos, régimen de licencias inexistentes, etc.). Como les sucede a los profesores de español, la discrecionalidad con que se maneja el valor de las tarifas (de la hora de clase o de la tarea editorial), dificulta la negociación salarial. Para ponerle un freno a esta situación, el Observatorio está trabajando actualmente en la confección de un tarifario en el que figure el valor de cada tarea y que permita reducir las desigualdades salariales existentes entre trabajadores que realizan una misma actividad.
3- ¿Trabajador? ¿Yo?: identidad profesional e identidad sindical.
Fuera de la edad de los propulsores de la organización y de las malas condiciones laborales, hay un rasgo fundamental que diferencia a SIMECA de Metele y del Observatorio y que emparenta a estas dos últimas: la extracción mayormente universitaria, y en esa medida de clase media, de los trabajadores que constituirían sus bases. Por ello, el panorama organizativo de la industria editorial y de la docencia de español tiene su propia especificidad. En este orden de cosas, dos problemas principales pueden anotarse como asociados a aquella procedencia universitaria. En primer lugar, el ya señalado rechazo que para gran parte de la clase media tiene la actividad sindical; esto significa que las propias bases a las que estas organizaciones buscan representar son en principio refractarias al concepto mismo de sindicato. Segunda cuestión, vinculada a la anterior: pese a que al menos en principio la formación académica debería dotar a los estudiantes de disciplinas ligadas a lo humanístico de cierta capacidad de lectura de sus condiciones materiales, en la práctica ocurre lo contrario, y los profesores de español como extranjeros, los correctores, los editores, se resisten a verse a sí mismos como lo que son: trabajadores. Más bien, y de acuerdo a lo que cuentan tanto Metele como el Observatorio, tienden a entenderse como profesionales liberales caídos en desgracia, cuyo horizonte de máximo triunfo en términos laborales suele ser el instituto o la editorial propios. A los obstáculos y conflictos laborales, se le agrega entonces un problema de conciencia, que termina transformándose en uno operativo: si no se conciben a sí mismos como trabajadores, difícilmente los profesores de español y los editores podrán querer asociarse en una agrupación que organiza, precisamente, asalariados.
En este sentido, hay una discusión que es sintomática de estos problemas. Es el debate sobre profesionalización vs. sindicalización, el cual se da al interior tanto del cuerpo de docentes de español como del de trabajadores editoriales. De un lado estarían los que afirman que para regularizar la actividad hay que empezar por profesionalizarla, por lo que proponen armar una colegiatura fuerte que defienda con uñas y dientes las incumbencias del título universitario. Del otro, los profesores, editores, correctores que, con título o sin título, ejercen como tales, pero que antes de desearse como profesionales colegiados se reconocen como asalariados. En calidad de trabajadores saben que para regularizar su sector hay que comenzar por reivindicar mejoras en las condiciones laborales, para lo cual no hay otro camino que la organización sindical.
Ahora bien, tal vez habría que revisar más en detalle lo que dicen estas voces opuestas. ¿No se podría incluso intentar distender la dicotomía hasta superarla? La profesionalización per se de una actividad no tiene por qué ser excluyente de la reivindicación gremial. El quid de la cuestión sería entonces pensar qué se entiende por “profesionalizar” y cómo se instrumentaliza.
Para desenmarañar un poco esta problemática e intentar hacer compatibles las dos instancias podría proponerse una pregunta por el orden de su consecución: en vista al objetivo de regular la actividad editorial y la docencia de español, ¿cuál de los procesos se debería dar primero? ¿La movilización gremial o la profesionalización? A pesar de que siempre se acepta, siguiendo las lecciones más básicas de matemática, que el orden de los factores no altera el producto, en este caso que analizamos pareciera que sí. ¿Por qué? Si como algunos exigen se comenzara por la profesionalización no habiendo pasado por una etapa previa de trabajo sindical y por cierta práctica de lectura de las condiciones materiales, el resultado sería que la calificación académica se haría al costo de la conciencia de los trabajadores. Y esto porque, de no haber reconocimiento de pertenencia a la clase, el título funcionaría como un mero instrumento que otorga competitividad en el mercado laboral. De esta manera, la profesionalización constituiría una herramienta de atomización de los trabajadores, quienes, jerarquizados según los títulos obtenidos, encontrarían serias dificultades para coincidir en un colectivo gremial que los asociara según intereses compartidos. Por el contrario, si se va primero por la sindicalización, una vez que se acepta la pertenencia al populoso grupo que, salvando todas las diferencias, tiene que trabajar para vivir, las ventajas que brindaría la calificación podrían traccionarse para el conjunto de los trabajadores de la actividad.
Más allá de este debate, las experiencias de Metele y del Observatorio señalan algunos puntos interesantes. En primer lugar, evidencian que la acción colectiva es buena no solamente en términos ideológicos, sino también, y a pesar de las dificultades, en un sentido muy concreto: hechos como el tarifario del Observatorio o el intento de blanqueo de Metele son impracticables individualmente, y pueden promover una situación laboral mejor, más estable y consolidada que cualquier negociación llevada a cabo por un profesional orgulloso de su aislamiento. Además, indican que, al menos en el caso de Metele y Observatorio, una expresión concreta de la famosa “vuelta de la política” de los últimos años está dando lugar a experiencias que permiten cierta articulación entre la universidad y formas organizativas propias del mundo del trabajo de los sectores populares. En este sentido, mostrar que la presencia, por ejemplo, del trabajo en negro, del monotributo o del salario atado a la productividad son factores que precarizan el empleo de un universo heterogéneo de trabajadores que incluye a motoqueros, correctores, editores, traductores y profesores de español no tiene otro fin que ayudar a la visualización de un marco común que incluye a universitarios y no universitarios.
Sumando a lo dicho, la creación de estas dos organizaciones (o, mejor dicho, la necesidad de su creación) tendría otra implicancia interesante. Podría señalar que una de las deudas de la política intrauniversitaria es llevar adelante o acompañar propuestas de actividad sindical capaces de intervenir en las condiciones de vida de los estudiantes y graduados de una manera efectiva. El hecho de que los miembros del Observatorio militen a su vez en distintas agrupaciones internas de la carrera de Edición (Los necios y Pasajeros de edición) y de que la inquietud por lo gremial haya surgido al calor de los debates universitarios habla, a su vez, de que se está dando un paso en este sentido.
viernes 21 de agosto de 2009
Artículo publicado en El Zordo #11 - Junio/Julio

¡Aprenda a organizarse en un perfecto castellano!
por Héroe de nadie
Un helicóptero despega desde el techo de la Cusa Rosada, la televisión cuenta en vivo y en directo cómo la policía asesina jóvenes en Plaza de Mayo. Cinco presidentes toman y dejan el poder en una semana. Se acababa el 2001. Una política cambiaría que llevaba diez años de vigencia había colapsado. Pocos meses después, el uno a uno como tipo de cambio de la moneda nacional se acababa: el peso dejaba de tener el mismo valor nominal que el dólar. Mientras algunos compatriotas se despedían lacrimosamente de Miami, Europa y la costa brasileña por tiempo indeterminado, Argentina -y sobre todo su capital- abría sus puertas un mundo de turistas. Desde 2002, las calles porteñas son como grandes galerías donde mucha gente camina de shorts, con sus botellas de agua mineral a medio terminar, mirando su atractiva arquitectura y tomando fotos, fotos y más fotos. El tango, la camiseta de la selección de fútbol, los espacios culturales de la calle Comentes, la bombonera y el asado, se convirtieron en productos consumidos por miles de visitantes de todo el mundo.
Junto a los turistas desembarcaron nuevos y jugosos negocios. City tours al por mayor, hostels, shows de tango, visitas a estancias bonaerenses, clases de español. Argentina -pero Buenos Aires más aún- se convirtió desde entonces en una gran escuela de idioma español para extranjeros sedientos de cultura rioplatense. Fin 2007, 24.878 extranjeros vinieron al país a aprender nuestra lengua, según el Informe Anual sobre Enseñanza de Español como Lengua extranjera que elabora, desde 2004, la Asociación Argentina de Docentes de Español (AADE). De la gran anuencia de turistas nació la industria del español como lengua extranjera (ELE). Un negocio redondo que parece cerrar por donde se lo mire: bajos costos de inversión y una gran demanda. Mientras en 2005 la cantidad de escuelas en el país era 89, en 2007 la cifra había crecido a 211, según el relevamiento sobre Turismo Idiomático, hecho ese año por la Secretaría de Turismo de la Nación.
LA LÓGICA Y LA ORGANIZACIÓN
Entre seis y ocho alumnos suelen conformar los grupos de estudio en las escuelas. El precio de los cursos oscila entre 140 y 190 dólares semanales. “Todo ok amigou!”, podría decir alguno de los tantos visitantes que los toman. Aunque desde el punto de vista de quienes dictan los cursos, la situación no es tan agradable: quienes enseñan español a los extranjeros en institutos privados sufren constantes situaciones de inestabilidad y precarización laboral, propiciada por la falta de regulación oficial sobre estas escuelas. Relaciones de dependencia disfrazadas bajo el monotributo, despidos sin aviso ni indemnización, amenazas, persecución, creación de listas negras con nombre y DNI de docentes “peligrosos”, no sumar puntos para la carrera de docente, son algunos de los gajes de este oficio de moda.
Sin embargo, estas condiciones de trabajo generaron la respuesta por parte de los profesores. El nombre que han dado al colectivo que los agrupa es Movimiento de Educadores y Trabajadores de Español como Lengua Extranjera (METELE) y desde él intentan organizarse para logra mejoras sustanciales en su situación laboral, “Todo nació a partir de una serie de mails que empezó a mandar un compañero. Comenzamos a reunimos en octubre del año pasado. La idea de las primeras reuniones fue juntar gente para que se pusieran en común las situaciones en cada instituto. El planteo inicial fue qué hacer frente a la realidad por la que pasábamos y cómo organizarnos”, relata una de las integrantes de METELE, que solicita resguardar sus datos por las represalias que podría sufrir “si las revistas llegan a las escuelas”. Y agrega que, si el objetivo a largo plazo es sindicalizar a los trabajadores, en este momento se intenta dar cuenta de las irregularidades de los institutos donde trabajan, que no son pocas.
La réplica a la organización no se hizo esperar. Íbero Spanish School, que en su página web exhibe las fotos de sus alumnos luciendo sonrisas publicitarias en un clima de total cordialidad, es la escuela encargada de la creación y difusión a los demás institutos de una lista que contiene el nombre, apellido y DNI, de aquellos profesores a los que se advierte no contratar por diferentes motivos. La lista fue elaborada como respuesta a una serie de denuncias hechas en el blog de METELE (www.lacarteleradelmetele.blogspot.com) en los que se daba cuenta de la lógica de este instituto, en el que la totalidad de los profesores que estaba en 2008 ya no está, una mitad por haber renunciado, la otra por haber sido despedida. El contenido de la denuncia reflejaba que una profesora despedida en septiembre del año pasado aún no había cobrado su último sueldo, que otra había sido amenazada con no volver a conseguir trabajo y se incluía también la preocupación de una ex alumna estadounidense que había sido amenazada con iniciársele una causa en la embajada de su país si no retiraba de su blog una crítica a la escuela. El texto que hizo circular Íbero, sostiene textualmente: “Hemos decidido hacer abierta la comunicación a otros centros de idioma para que tengan la posibilidad de saber que estos profesores son: irrespetuosos, impuntuales, con escaso compromiso ético y profesional (renuncian de un viernes a un lunes) y no están capacitados para enseñar español así como también han presentado demandas y reclamos infundados en perjuicio del instituto donde trabajen”. El repudio de los profesores fue generalizado, así como de la Asociación Argentina de Centros de Español como Lengua Extranjera (AACELE), que acusó a los directivos de la escuela de haber violado el derecho constitucional a la privacidad de los datos personales, con la divulgación de la lista negra. La cantidad de profesores que reúne estas características, para la dirigencia de la escuela, es de 38 personas.
FLEXIBILIZACIÓN SIN RESPUESTAS
El ambiente calefaccionado hace olvidar el invierno porteño durante unos minutos. Dos sillones muy cómodos, afiches de ballenas patagónicas y montañas jujeñas, un aula con el abecedario en la pared, sonrisas de los que pasan por el hall, algún "hola" en un español mal actuado. El curso cuesta 150 dólares por semana -responden amablemente en Internarional Bureau of language (IBL), escuela ubicada en el microcentro. Cuentan que en temporada alta llegan a tener alrededor de 200 alumnos, mientras que en temporada baja, el número se reduce a cincuenta. Esta variación en la cantidad de alumnos representa una fuente de gran inestabilidad para los profesores, quienes dejan de ser llamados en épocas de temporada baja, y sin posibilidades de protección frente a esta situación.
Los profesores coinciden en que el principal problema es la falta de regulación sobre la enseñanza de ELE. “Intentamos dar cuenta de los vacíos legales que existen y ver qué se puede hacer frente a esto. Porque se puede pensar que existe una gran diferencia entre que haya leyes y no se cumplan a que directamente no existan las leyes. Acá se dan las dos situaciones”, reflexionan desde METELE. Los organismos oficiales parecen no tener nada que decir al respecto. Desde la Secretaría de Turismo de la Nación, por caso, les han respondido que la contratación de las escuelas depende de las agencias de viajes. En la Dirección General de Educación Privada, pudieron confirmar que no hace falta ningún tipo de habilitación especial para poner una escuela.
Una de las maneras tramposas con que se trata de encubrir la precariedad laboral es la figura del monotributista, que es la forma en que los profesionales cobran sus honorarios, cuando prestan un servicio. Este tipo de relación laboral no cuenta con las protecciones propias de un trabajador bajo relación de dependencia: obra social, aportes jubilatorios, vacaciones, aguinaldo, asignaciones familiares, días por enfermedad, estudio, ART. En METELE cuentan que ésta es la opción que queda a trabajar en negro y que el problema es que está muy aceptado por parte de los profesores. Entonces, se plantean falsas opciones: trabajar en negro o como monotributista y ganar un buen sueldo cada mes o ganar en blanco poco dinero, aunque la "opción" encierra un engaño que la lleva a negar su condición de opción: si al sueldo que se percibe trabajando bajo monotributo o en negro, se lo relaciona con lo que no se gana en términos salariales por los beneficios sociales, a fin de cuentas se gana menos aun. METELE lo gráfica mediante esta cuenta: “Si ganás $20 por hora, trabajás 4 horas diarias y sos monotributista, a tu sueldo descontale: $800 de vacaciones (2 semanas) que no te pagan; $1600 de aguinaldo que no te pagan; $1320 de monotributo que no te pagan. TOTAL= $3720 por año, $310 por mes. O sea: tu sueldo de "$1600", en realidad es de $1250.”
Bajos costos. Márgenes de ganancia elevados. No regulación. Flexibilización laboral. El negocio del ELE no ha dejado de crecer hasta el día de hoy. Como los call centers, asoma como un ejemplo más de la precarización y flexibilización que sufren quienes entran en el crudo mundo del trabajo. El modelo que algunos vieron escapar en helicóptero hace ya más de siete años, sigue dando sus réditos a unos pocos. Mientras en la década del roedor riojano se alisaron los caminos a la ganancia privada a costa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras y la exclusión de millones a la pobreza total, la joda parece no haber acabado del todo. Tal vez los invitados cambiaron de ropajes y a algunos les resulte no tan fácil descubrir sus rostros ratosos, pero no parece que tengan demasiados deseos de dejar de divertirse. Igualmente, no es tan difícil pensar a quién le dolerá la cabeza a la hora de la resaca espantosa.
martes 28 de julio de 2009
sábado 18 de julio de 2009

| Si sos profesor/a de español para extranjeros, tomate un par de minutos para completar el censo. Es anónimo y confidencial. Con este mínimo compromiso de participación colectiva todos estamos colaborando para acelerar el proceso de regularización, conocer el verdadero mapa del sector y manejar estadísticas centrales para dar visibilidad a nuestra problemática. Reenviáselo a tus colegas. El aporte de todos nos ayuda en el camino hacia una legislación apropiada que le dé formalidad a nuestro empleo. |
viernes 17 de julio de 2009
lunes 22 de junio de 2009
Artículo publicado en Veintitres el 18/06/09

Profesores amordazados
Foto: Veintitres.
miércoles 17 de junio de 2009
jueves 21 de mayo de 2009
Artículo publicado en Página 12 el 20/05/09

Sociedad | Miércoles, 20 de Mayo de 2009
Docentes denuncian que son perseguidos por intentar crear un gremio
El delito de organizarse
Con el boom del turismo proliferaron los institutos para enseñar español a extranjeros. La mayoría de los profesores que dan clase está en negro y sin protección laboral. Un grupo que intentó formar un sindicato recibió represalias de los empleadores.
“La situación es muy gráfica: vacaciones, licencias por enfermedad o embarazo, obra social, jubilación, aguinaldo, ART, antigüedad o capacitación necesaria para el puesto son parte de las obligaciones que el empleado debe pagarse para tener continuidad laboral.” El Movimiento de Estudiantes y Trabajadores de Español como Lengua Extranjera (Metele) fue el primer colectivo gremial formado por profesores que intentaron contrarrestar las arbitrariedades que sus empleadores ejercían toda vez que “intentábamos reclamar por nuestros derechos laborales incumplidos”. Los primeros docentes en manifestar públicamente la necesidad de sindicalizar la profesión, ocho jóvenes estudiantes de la carrera de Letras de la UBA, no sólo se toparon con un vacío legal para regularizar la actividad sino que, además, fueron “perseguidos” por los dueños de los institutos para los cuales trabajan. Tres educadores de Metele relataron a Página/12 la precarizada situación de los cerca de 500 trabajadores de la lengua española.
Según un exhaustivo informe publicado por Metele en su blog, “de la mano del boom turístico, la Ciudad de Buenos Aires se llenó de profesores e institutos de español para extranjeros”. En sincronía, el relato es sencillo: después de la devaluación del peso en 2001, los asados, los partidos de fútbol en la Bombonera, las lecciones de tango, las fiestas del circuito gay fueron los negocios que más proliferaron en los últimos años en pos de cooptar a los visitantes extranjeros.
Pero, de todas las posibles formas de experimentación de lo porteño, “el aprendizaje de español se conformó como la mercancía más fructífera. Porque los centros de idiomas privados empezaron a ofrecerles a los turistas, además de las clases, actividades recreativas, gastronómicas, deportivas y, en algunos casos, con alojamiento en un mismo paquete mucho más económico”, relató una de las docentes que creó Metele.
De la mano del nuevo interés turístico, nació el trabajador de la lengua: “Mientras el joven hombre de letras de antaño se dedicaba a ejercer el periodismo, hoy dedica su tiempo a la enseñanza del objeto directo a un estudiante sueco –aseguró la profesora, con un poco de ironía y mucho de verdad–. Que la actual gestión porteña de (Mauricio) Macri haya amuchado los ministerios de Cultura y Turismo no es más que una gaffe elocuente de la inestable situación laboral de los profesores de español”. Como si fuese un trabajo momentáneo, sin continuidad, la mayoría de los docentes realizan su actividad en negro, en pésimas condiciones laborales, en institutos de enseñanza que no les reconocen ningún derecho laboral.
Turismo, mercado y trabajo estacionario. “No es un hobby, pero nuestros empleadores hacen como si lo fuera”, contó a este diario un profesor de 25 años, también integrante del colectivo gremial. La precarizada situación profesional de los docentes de español se “disimula” a través de una misma estrategia práctica y discursiva: el monotributo. Aunque los profesores de español para extranjeros trabajen para una misma empresa durante un tiempo prolongado, “la forma que tenemos de facturar es una relación de dependencia encubierta bajo la forma de locación de servicios”, relató el docente. Al momento de la entrevista laboral, sin embargo, los perjuicios del docente monotributista son presentados por los dueños de los institutos como ventajas y beneficios: “Que podés acomodarte los horarios, que podés faltar cuando lo necesités, que podés irte de vacaciones en el momento que desees”, enumeró la docente de Metele, a sabiendas que aunque estuviera resfriada y con fiebre a la tarde tendría que dar clases lo mismo, “porque nuestro sueldo depende exclusivamente de las horas trabajadas”.
Durante años, el ámbito donde los profesores podían resolver los conflictos laborales se reservó a la esfera privada. Según los integrantes de Metele, “cobrar la hora de clase 14 o 35 pesos depende siempre de la capacidad de negociación del profesor y de la buena fe del dueño del instituto. Por eso, la tarifa varía enormemente entre las diferentes empresas”. De boca en boca, vía mail, a través de volantes pegados en las inmediaciones de los institutos, “empezamos rudimentariamente a comunicarnos con otros profesores para luchar por nuestros derechos”, dijo la joven docente engripada. Y a fines de 2008, se consolidó el colectivo gremial Metele.
Entonces, la represalia empresaria no tardó en hacerse presente y efectiva. “Primero rompieron y arrancaron los carteles que poníamos para avisar de las reuniones –denuncian en el blog de la organización (www.lacarteleradelmetele.
Por el momento, la situación laboral precarizada de los educadores es pura tautología: “Los representantes del Sindicato de Docentes Privados (Sadop) nos dijeron que la asociación no puede intervenir a menos que las condiciones de trabajo se ajusten a la de los trabajadores que están enmarcados dentro del convenio. Como estamos en negro no pertenecemos al sindicato y como no pertenecemos al sindicatos seguimos en negro”, concluyeron al unísono los miembros de Metele.
domingo 17 de mayo de 2009
miércoles 22 de abril de 2009
Repudio de AACELE a la lista negra publicada por Íbero Spanish School
A los Directores de Íbero Spanish School,
Florencia Bozzano y Juan Astudillo:
Recibimos su correo electrónico con el asunto “Importante-profesores no recomendados”, enviado el día 10 de marzo del corriente año, y consideramos que la divulgación de una lista negra de docentes de ELE, con nombre, apellido y número de DNI, viola el derecho constitucional a la privacidad de los datos personales y nos trae a la memoria el reciente pasado de horror que ha vivido nuestro país. Asimismo, y en consonancia con lo anterior, nos permitimos recordarles la existencia de ámbitos democráticos apropiados para la discusión y resolución de conflictos laborales.
Procederemos a enviar copia de nuestra respuesta a los organismos de gobierno y educación pertinentes (Cancillería, SECTUR, INPROTUR, Ministerio de Educación, Universidad de Buenos Aires, y Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entre otros), así como a las asociaciones de docentes de ELE.
COMISION DIRECTIVA AACELE
miércoles 15 de abril de 2009
sábado 11 de abril de 2009
Artículo publicado en ANRED el 11/4/09
| ÁBADO 11 de abril de 2009 |
| Docentes precarizados |
| METELE, por un trabajo docente digno |
Con el auge del turismo extranjero en Argentina uno de los negocios que floreció fue la enseñanza del "español como lengua extranjera". Los capitales que invirtieron en el rubro se encontraron con un terreno más que fértil: desregulación estatal y flexibilización laboral, con el monotributo como principal arma. Sin un sindicato, con persecución ideológica, y altas tasas de explotación, los docentes han decidido agruparse para dignificar su trabajo mediante el METELE (Movimiento de Educadores y Trabajadores del Español como Lengua Extranjera). |
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| Por ANRed - M |
No es algo nuevo afirmar que en los últimos cincuenta años el mundo del trabajo ha sufrido transformaciones muy profundas. Aquellas conquistas laborales por las que lucharon generaciones anteriores se presentan como logros de un tiempo que nunca volverá frente a una realidad en la que tener un trabajo estable, en blanco y bien pago parece una utopía para el sector asalariado. Los jóvenes, quienes recién acceden al mundo productivo, son los primeros en la lista de los contratos basura y la precarización laboral. Como resultado de ello hay toda una generación que, por no conocer otro modo de trabajar, siente como natural la ausencia de derechos básicos como las vacaciones pagas, el aguinaldo o la obra social. En esta caracterización no está exento el trabajador de la cultura, por el contrario, es uno de los más afectados por los eufemismos del free-lance, el profesional liberal o el monotributista. El profesor de español como lengua extranjera forma parte de este submundo ligado a la tarea intelectual de enseñar el idioma a través de la lógica de "satisfacer al turista" que, en su tour por la ciudad, incluye el aprendizaje del español.
La enseñanza del "español como lengua extranjera" es una profesión potenciada por la economía del "3 a 1" que favoreció la llegada del turista extranjero. En general, quienes desempeñan esta tarea son egresados recientes o estudiantes avanzados de la carrera de Letras o alguna afín. Como sucede en muchos casos con los trabajadores de la cultura y la educación, tienen la dificultad de reconocerse a sí mismos como trabajadores, ya que más bien muchos tienden a pensarse como "profesionales liberales", lo que dificulta la visibilización de las malas condiciones laborales. En palabras de un docente entrevistado, el profesor de español como lengua extranjera "se dedica o aspira a dedicarse al trabajo intelectual, entonces es más difícil que esa gente se asuma como trabajador explotado. Eso hace que la organización flaquee por ese lado, por la conciencia de los afectados. Esto tiene que ver con que se trata de trabajadores jóvenes, que en general no tuvieron una experiencia previa de estar en blanco y no saben exactamente cuáles son los beneficios y derechos que se pierden". Salvo escasas excepciones, todos los profesores de español para extranjeros trabajan en relación de dependencia encubierta por el régimen del Monotributo. Aquellas excepciones de trabajadores que lo hacen en regla, sin embargo, reciben sueldos magros (la mitad o menos de lo que recibe un monotributista), lo cual lleva a muchos a optar por aceptar esta modalidad de falso trabajo autónomo sin tener en cuenta que, si se descuentan las cargas por obra social, aportes jubilatorios, vacaciones pagas, aguinaldos, etc. lo que recibe un trabajador monotributista termina siendo tan escaso como lo de aquel que lo hace en blanco.
Además, lo que recibe un profesor de español como lengua extranjera en una institución poco tiene que ver con lo que desembolsa el turista por su educación. Por ejemplo, una hora de clase en un grupo de 8 estudiantes puede costar a cada uno aproximadamente 10 dólares. Esa hora de trabajo genera casi 300 pesos, pero el profesor recibe tan sólo unos 15 pesos. Sin embargo, lo incipiente de la actividad y la falta de regulación de este mercado hace que se puedan hallar múltiples posibilidades en el modo y el monto que se paga. A esto se suma que es un negocio que requiere de una escasa inversión, por lo que todo lo producido es fruto del esfuerzo docente (no hay materia prima, ni áreas de investigación y desarrollo, ni maquinaria que amortizar).
Metele: Movimiento de Educadores y Trabajadores del Español como Lengua Extranjera Según ellos mismos se definen, Metele "es una organización de hecho, la idea no es que haya algún orden de representatividad sino de participación, la representatividad vendrá en un segundo momento, cuando el dispositivo institucional lo requiera. Por lo pronto, cada quien en nombre propio va contando su problemática e intentamos pensar todos juntos cómo hacer para poder trabajar un poco más dignamente". La necesidad de poner freno a la situación precaria de trabajo, junto con el avance de fuertes abusos patronales, convocaron a este grupo de jóvenes educadores que tiene como objetivo primero poner en común la situación que se vive en cada institución para, a largo plazo, constituir un gremio que los agrupe. En busca de una figura legal que los ampare, los miembros de Metele se acercaron a Sadop (Sindicato Argentino de Docentes Privados) y se encontraron con lo que, a partir de ese momento, dieron en llamar la "paradoja de Sadop". El sindicato no responde por la figura "docente de español para extranjeros" porque los profesores no están en blanco. Pero al intentar el "blanqueo" el docente recibe como respuesta por parte de la empresa que no hay modo de hacer el contrato porque no hay una figura legal que lo contemple en el estatuto del docente privado. Mientras tanto, Metele hace públicas graves denuncias sufridas por trabajadores de la profesión en el blog que constituyeron para ese fin. A medida que la organización del espacio avanza, también avanzan las actitudes desafiantes de la patronal que terminan convirtiéndose en abusos. Por nombrar sólo algunas de ellas, las prácticas abusivas van desde despidos masivos ante reclamos salariales, despidos individuales a aquellos que se vislumbran como posibles fomentadores de la organización y la participación, maltratos verbales y descalificación permanente con frases como: "si no te gusta cómo se maneja la empresa las puertas están abiertas" o "mirá que clases de español puede dar cualquiera". El colmo de esta situación sucedió semanas atrás con la circulación de una carta escrita por los directivos de Ibero Spanish School. En la misiva, dirigida a otras instituciones "colegas", entregaban una lista de profesores "des-recomendados" por ineptitud laboral y falta de compromiso. Pero en sus párrafos dejan vislumbrar claramente cuál es la verdadera preocupación de estos empleadores: "han fundado un blog con una cantidad de "denuncias" (término acuñado por ellos), por supuesto, anónimas, que contiene información maliciosa y falsa de varios institutos de Buenos Aires, con el objetivo principal de que la actividad se resienta en su totalidad". La práctica de confección de listas negras, como la realizada por esta institución, remite a las épocas más oscuras de nuestro país. Mediante este ejemplo es posible ver cómo una experiencia de organización de trabajadores para lograr estrategias comunes provoca también una reacción por parte de quienes administran los institutos, que no quieren ceder ni un milímetro de la magnífica tasa de explotación que hoy poseen en este negocio. Las características de los institutos de español para extranjeros La mayoría de los institutos son de gestión privada, con características ambientales muy diferentes entre sí, "un instituto es un monoambiente con un potus en Retiro o una mansión en Recoleta, puede tener un plantel de 40 o 50 profesores o sólo 2". También centros universitarios, como el laboratorio de idiomas de la Facultad de Filosofía y Letras, o el Centro Universitario de Idiomas (ligado a la facultad de Agronomía) dictan cursos de español para extranjeros y, si bien pagan más que los institutos privados, también lo hacen bajo la figura del monotributista. En cuanto a las características de los empleadores, en su mayoría se trata de apoderados jóvenes que responden a las exigencias de capitales extranjeros. De ese modo, "vienen con un modelo yanqui donde no existe ningún tipo de seguridad social. Para ellos se trata de comprar en el mercado más barato y vender en el más caro, punto. No hay ninguna idea de construcción de nada a partir del trabajo, simplemente es una mercancía más". Pese a que es una inversión en el campo de la cultura y la educación, no se trata de empresarios con experiencia y objetivos en este área, sino más bien de un buen negocio ligado a la lógica del turismo. La crisis económica mundial posiblemente nos hará testigos de un cambio en la posibilidad laboral de este rubro atado al turismo extranjero. Que esto vaya acompañado de mejoras en las condiciones de vida de los profesores de español es algo que, en cierta medida, dependerá del accionar de los involucrados en el sector. Mientras tanto, Metele sigue su trabajo de hormiga para que cada vez más trabajadores de la cultura se reconozcan como tales. La publicación de su blog, sus reuniones periódicas y la circulación de denuncias por abusos laborales dan cuenta de una tenaz búsqueda: "pese a que no tenemos ninguna idea sobre qué es la militancia u organizarnos en los trabajos, consecuencia de treinta años que socavaron la experiencia obrera, nos vemos llamados a organizarnos como trabajadores, o al menos a intentar un comienzo aunque no tengamos una experiencia previa". Para más información: |
domingo 5 de abril de 2009
El semanario Noticias Urbanas analiza las condiciones de trabajo en los institutos de enseñanza ELE
Si los hechos del 19 y 20 de diciembre de 2001 desataron la atención desmedida de algunas almas cosmopolitas que pretendían conocer de cerca en qué tipo de experimento se convertía la Argentina, lo cierto es que cuando esa cortina de humo se corrió y nos reveló la realidad cambiaria del 3 a 1 (mucho más realista), a ese turismo social se sumó un masivo turismo silvestre, con racimos de jubilados de latitudes ricas (y jubilados ricos de latitudes pobres) que comenzaron a recorrer nuestra ciudad y nuestro país. Buenos Aires no es la misma desde el fin de la convertibilidad, y el turismo algo habrá hecho para que eso sea así.
Por Martín Rodríguez
Y en el medio de la diversidad económica autóctona desatada alrededor del turismo hallamos una actividad hasta ahora desconocida: la de los institutos de enseñanza del español para turistas. ¿Cuánto se paga? ¿Quién consume?
Estos institutos proliferaron y se instalaron mediados por las agencias de turismo en muchos casos, y son receptivos no sólo de agentes empresariales protosojeros, o gerentes de transnacionales, sino de un turismo sofisticado que incluye en su aventura expedicionaria la aventura de la lengua. Hay dos cámaras que nuclean a muchos de estos institutos. Las dos cámaras son la SEA (Asociación de Centros de Idiomas) y la AACE (Asociación Argentina de Centros de Español). La primera nuclea a los institutos más grandes, y no exclusivamente de español para extranjeros. La segunda es la de los institutos más chicos. Para el caso de la primera, si uno ingresa a esta página: www.spanishinargentina.org.ar/centros.htm puede encontrar y elegir uno de los 50 centros que se promocionan en todo el país.
Claro que la mercancía del idioma requiere de una fuerza de trabajo: un “proletariado” joven e ilustrado que incursiona en la actividad demandada (probablemente, para muchos, se trate de la primera experiencia laboral). Esta prole, surgida de la carrera de Filosofía y Letras de la UBA en su mayoría, realiza su trabajo en negro, en pésimas condiciones laborales, en institutos que no les reconocen ningún derecho. Pero esa juventud empezó a organizarse en torno a una herramienta gremial que los ayude a reconocer su actividad bajo el amparo al que tienen derecho como trabajadores.
¿En qué convenio laboral están?
Metele es el nombre del colectivo gremial que estos docentes en negro formaron. Basan sus reivindicaciones en el contenido de un petitorio que han hecho circular y que han pegado en la puerta de muchos de estos institutos: Si ganás $20 por hora, trabajás 4 horas diarias y sos monotributista, a tu sueldo descontale: -$800 de vacaciones, -$1600 de aguinaldo que no te pagan, -$1320 de monotributo que no te pagan, TOTAL= $3720 por año, $310 por mes. O sea: tu sueldo de "$1600", en realidad es de $1290. Frente a esta realidad exigen el blanqueo de todos los docentes de español para extranjeros (vacaciones, licencias, obra social, jubilación, aguinaldo, ART), planta estable, salario mínimo igual a 1/2 canasta familiar: $2000 por 4 horas diarias, reconocimiento de antigüedad, y capacitación remunerada a cargo de la institución.
Bajo el sugestivo título de Historia y conciencia de los profesores de español para extranjeros, este grupo elaboró un informe en el que describen el itinerario informal y la intemperie laboral que refleja su actividad: "… de la mano del boom turístico, Buenos Aires se ha llenado de institutos de español para extranjeros. La impronta de estos emprendimientos es tal que se puede calibrar mediante una sucinta comparación: si el joven hombre de letras típico, antaño, se dedicaba al periodismo (y configuraba a partir de eso una tópica: pensemos sólo en Arlt y en Walsh), hoy confía las horas de su día a la enseñanza del objeto directo a un estudiante sueco (…) Hoy las clases de español son una mercancía con valor para el turista, al lado de las tiras de asado, las entradas VIP a la cancha de Boca y las excursiones por discotecas encopetadas de Zona Norte".
Según el informe, en los cursos de español que dictan las universidades, "los profesores entran a trabajar en calidad de docentes universitarios y por esa razón gozan, cuando efectivamente entran al plantel, de los beneficios del derecho laboral. Pero en los institutos privados, que son la gran mayoría, el profesor está por regla en negro, bajo una trampa universalmente admitida: el monotributo. ¿Por qué una mentira? Porque legalmente, si se factura todos los meses a la misma empresa durante un año o más, se entiende que existe una relación de dependencia encubierta bajo la forma de una locación de servicios".
Ni hablar de la antigüedad, de los aportes jubilatorios, las vacaciones, el aguinaldo. De alguna manera, el ámbito en que se resuelven algunas de estas cuestiones se reserva a la articulación privada, en base a la confianza personal, que puede hacer cada docente con su "patrón". "De instituto a instituto las tarifas son totalmente variables. Un profesor puede migrar y ganar dos pesos más por hora, pero no hay nada que pueda tomarse como patrón de referencia para un reclamo. La hora de clase suele oscilar de los 14 a los 33 pesos, y una cuenta simple permite ver que a fin de mes, con un supuesto de 5 horas de clases por día (lo cual es decir bastante), en un caso se perciben $1400, y en el otro $3300, siempre por el mismo trabajo". Existe otra salida individual: "la forma más rápida de ascender dentro del rubro es hacerse jefe de sí mismo. Así, cualquier profesor, luego de seis meses de aprender el oficio, empieza a tener el sueño del instituto propio".
Según lo que arroja el documento, no hay datos oficiales en cuanto a la actividad. El ministerio de Trabajo, hasta el año 2005, tenía registrados 20 institutos. Y el Centro de Estadísticas del Gobierno de la Ciudad carece de datos sobre la actividad. Lo cierto es que este intento gremial surgió al calor de un conflicto desatado en uno de los institutos, el Íbero, y cuya trama puede recogerse en la lectura del blog del colectivo (www.lacarteleradelmetele.blogspot.com). La “caza de brujas” desatada sobre un conjunto de docentes avispados frente a los abusos e irresponsabilidades patronales, también puso sobre relieve la situación general.
La sensatez política los empujó a golpear la puerta del SADOP, el gremio de los docentes privados perteneciente a la CGT. Según relatan en su documento “el sindicato no puede intervenir a menos que las condiciones de trabajo se ajusten a la de los trabajadores que ya están enmarcados dentro del convenio que firmó el sindicato. Un caso real confirma este absurdo: de acuerdo al testimonio de un joven profesor de español que trabaja en un instituto de la Capital Federal: su jefe quiso ponerlo en blanco, pero no pudo hacerlo porque no existe convenio para el cual hacer el contrato (pues las condiciones de trabajo por caso, de un docente de una universidad privada y uno de un instituto no son las mismas, empezando por la cantidad variable de horas). La única vía, según SADOP, es ir a plantear el caso al Ministerio de Trabajo. Aquí se abren dos opciones: agotadas las instancias de negociación con la patronal, el profesor puede reclamar individualmente con un abogado en el Ministerio, conminando a la empresa a que lo blanquee (recordemos, este reclamo es de carácter individual)”. La sobria y negativa respuesta (“las condiciones de trabajo del profesor de español para extranjeros son las mismas que si el hubiera decidido poner una academia con amigos y dar clases”), los acercó al realismo militante de la CTA, más receptiva históricamente a captar los “nuevos empleos”. Por lo pronto, estos jóvenes todavía son pocos, para un universo que calculan en 500 trabajadores (sólo en Buenos Aires), y se limitan por ahora a partir de los blogs, mails y volantes a la famoso consigna izquierdista de "lea y difunda" de sus reivindicaciones, con el fin de que todo aquel que pretende ganarse la vida enseñando a turistas el idioma español sepa que hay compañeros que quieren que sea un trabajador y no un monotributista más, en el mercado negro de la lengua española.
miércoles 25 de marzo de 2009
martes 24 de marzo de 2009
jueves 12 de marzo de 2009
DENUNCIA #2 - ÍBERO O LA CAZA DE BRUJAS
Tal como anticipaba la denuncia anterior y siguiendo la saga, Íbero Spanish School hizo circular una lista entre diferentes centros de idiomas de Buenos Aires. La misma contiene el nombre, apellido y DNI de 38 profesores que trabajaron en dicha escuela. Como podrán apreciar en el correo difundido que copiamos a continuación (reservando la identidad de sus ex empleados, claro está), la intención de Íbero no es entablar una defensa negando lo que METELE denunció con anterioridad, sino elaborar una lista negra para perjudicar la situación laboral de los profesores implicados.
----- Original Message -----
From: IBERO Spanish School - Florencia
Sent: Tuesday, March 10, 2009 3:49 PM
Subject: Importante- profesores no recomendados
Estimados colegas de institutos de español,
Les escribimos a fin de que puedan tener la posibilidad de contemplar la lista que se adjunta a continuación con nombre completo y DNI de profesores no recomendados o docentes no capacitados, que estuvieron debidamente registrados por Íbero por medio de la AFIP desde el primer día de trabajo, es decir con una antelación de 48 horas.
Hemos decidido hacer abierta esta comunicación a otros centros de idiomas para que tengan la posibilidad de saber que estos profesores son: irrespetuosos, impuntuales, con escaso compromiso ético y profesional (renuncian de un viernes a un lunes) y no están capacitados para enseñar español así como también han presentado demandas o reclamos infundados en perjuicio del instituto donde trabajen. Han fundado un blog con una cantidad de “denuncias” (término acuñado por ellos), por supuesto, anónimas que contiene información maliciosa y falsa de varios institutos de Buenos Aires, con el objetivo principal de que la actividad se resienta en su totalidad.
Quedan ustedes debidamente informados y ante cualquier consulta no duden en contactarnos por esta vía.
Florencia Bozzano
Directora- Íbero Spanish School
Juan Astudillo
Director- Íbero Spanish School
En primer lugar, llama la atención que una “institución” manifieste haber tenido problemas con tal cantidad de empleados (38 en total). ¿Se trata de una incapacidad del docente o, por el contrario, habla más bien de una política empresarial que se beneficia de la continua rotación de su plantel de profesionales? ¿No es acaso sugestivo que los profesores duren tan poco en su puesto de trabajo? ¿No será que Íbero Spanish School ofrece condiciones laborales intolerables como para que una persona pueda resistirlas por mucho tiempo?
Por otra parte, el hecho de que los datos personales de los profesores sean difundidos entre otras escuelas se asemeja más al accionar mafioso de la familia Corleone -en una imitación burda de la trilogía de Coppola-, que a un proceder empresarial serio y con vistas a mejorar su supuesta calidad institucional. Es que en definitiva lo que Íbero Spanish School demuestra es su mala fe al atacar por la espalda: jamás recibimos un descargo a la denuncia anterior publicada en esta sección.
Además, que se cuestione el desempeño de los profesores incluidos en dicha lista pone en evidencia por vía indirecta una política educativa deficiente al momento de incorporar empleados supuestamente incapacitados para la tarea docente. Actualmente –y todo profesor de español que haya trabajado en institutos lo sabe- existen en el mercado laboral instancias previas a la contratación que garantizan a futuro el buen desempeño del profesional: entrevistas personales, test psicológicos y de aptitudes académicas, períodos de prueba, etc. Ninguna empresa seria hace público lo que, siguiendo su lógica, en realidad no es más que un error en el sistema de selección. Este gesto, más bien, se parece al despecho del ex novio que critica a su antigua pareja con la cual compartió parte de su vida; en definitiva, habla mal de Íbero Spanish School y de su dirección, al tiempo que demuestra el desprecio hacia el plantel de trabajadores, fuente principal de sus ingresos.
Lamentablemente, después de este comportamiento bajo, temerario y cobarde queda demostrado que la confección de listas negras es una política todavía vigente en el medio empresarial argentino que busca fragmentar y perjudicar al colectivo de trabajadores para acallar sus demandas e impedir cualquier tipo de organización que defienda sus derechos. No es con chicanas e improperios que se entabla un diálogo o una negociación. Esperemos que Íbero Spanish School sea el único instituto con tal modus operandi y que el resto de los empresarios del sector sepa estar a la altura de las circunstancias. El objetivo de la sección denuncias no es otro que dar a conocer las condiciones reales en las que se desenvuelve nuestra actividad. En este sentido, METELE sigue ofreciendo el espacio para la confrontación abierta de los actores implicados en la enseñanza ELE.
METELE
Movimiento de educadores y trabajadores de español como lengua extranjera
miércoles 25 de febrero de 2009
DENUNCIA #1 - ÍBERO SPANISH SCHOOL
Ahora Íbero Spanish School (recuerden ese nombre) está buscando gente de nuevo. Yo les diría que por más que está difícil la mano, trabajar ahí no vale la pena, gente, es como estar en una versión ridícula y de bajo presupuesto de El Padrino.
jueves 19 de febrero de 2009
sábado 7 de febrero de 2009
viernes 6 de febrero de 2009
viernes 30 de enero de 2009
LISTO PARA BAJAR E IMPRIMIR EN A4
sábado 17 de enero de 2009
REUNION 21/01

METELE
Movimiento de estudiantes y trabajadores de español como lengua extranjera
CONVOCA A QUINTA REUNIÓN
21/ 01 19hs
Argañaraz 22
En las reuniones anteriores analizamos las problemáticas de nuestros lugares de trabajo. Vinieron representantes de más de diez escuelas y entre todos logramos realizar una primera caracterización de la actividad ELE.
Nuestro próximo paso es conseguir representación legal. Para eso, necesitamos sumar profesores de otras escuelas que nos den a conocer cuáles son las condiciones en las que trabajan.
Por eso,
No te pierdas esta próxima reunión. Si vos no podés venir, gestioná en tu escuela quién será el compañero representante.
Sólo con tu participación podemos planear una acción colectiva que mejore la situación laboral de todos.
METELE
contactometele@gmail.com
www.lacarteleradelmetele.blogspot.com
lunes 29 de diciembre de 2008
¿Qué aprendimos en un mes de organización?
Dicho y escuchado tantas veces:
“Si yo exijo algo en mi lugar de trabajo, atrás de mí hay miles haciendo fila para ocupar mi lugar”. Que trabajemos a la sombra de un infinito ejército industrial de reserva siempre listo para reemplazarnos, nos sirva para operar con cautela, no para inhibirnos.
“Yo acá estoy de paso, sólo quiero juntar plata para irme de vacaciones a Bélice, y si no me gustan las condiciones de mi trabajo, me voy a otro lugar y listo”. El pensamiento de obrero golondrina estalla cuando recordamos que, por más que vuele hacia horizontes quizá más calmos, todo trabajador lleva consigo la lucha de clases, lo sepa o no.
“Yo no soy un trabajador en dependencia, soy un masajista lingüístico que cobra honorarios por hora. No tengo patrón, tengo un cliente, y si me voy le puedo hacer un juicio y obtener mucho dinero para irme de vacaciones a Bélice”. Peor que un esclavo, que por lo menos tiene la garantía de un amo y no tiene que salir a buscarlo con un esmerado CV. El trabajador que se cree un profesional liberal tiene una conciencia falsa del lugar que ocupa en la estructura económica: se pretende un pequeño capitalista que va al mercado a buscar un cliente cuando en realidad es un trabajador que va en busca de un nuevo amo.
La vigencia operativa de este modo de pensar, en estas frases y en tantas otras, no tiene por qué sorprendernos: son una colección de ideas del capital, que circulan con el fin de garantizar su modo de producción. Los usuarios de este modo de pensar, aunque lo hagan de manera involuntaria, no son por esto menos responsables de las consecuencias que tiene.
Algo atendible: si bien es innegable la sensación de que, por ejemplo, podemos ser despedidos en cualquier momento, esto no nos obliga a detener el hilo de nuestros pensamientos cuando lo recordamos, o peor aún, a que esa sensación opere como una autocensura que recorta el campo de nuestras posibilidades de pensar y actuar. No decimos que hechos como la falta de puestos de trabajo no sean constatables en la realidad, pero alarma la ausencia de interrogantes que conmocionen estos enunciados. No abundan quienes se preguntan: ¿cómo puede ser que yo esté pensando así, de este modo que finalmente me inhibe en la acción e impide mi acto? ¿Qué pasó históricamente para que la oferta de trabajadores siempre exceda las vacantes? ¿Por qué el dispositivo desde el cual deletreo la realidad de mis condiciones de trabajo no es más que un puñado de frases hechas, repelentes a toda pregunta?
El trabajo en cada instituto tiene que orientarse a relativizar estas chicanas a la luz de las enseñanzas de la economía política, sin promesas de victoria, sino más bien recordando que el fin de la lucha a la que nos unimos no es tanto la recompensa individual de un aumento de salario con la garantía de un amo más estable: es desenterrar y volver a tirar al aire la flecha que arrojaron los que nos precedieron en la lucha, es ocupar lo que ellos pensaron como su futuro y ajustarlo a las condiciones actuales que ellos no pudieron anticipar.
miércoles 10 de diciembre de 2008
Historia y conciencia de los profesores de español para extranjeros - Revista PLANTA
Con la devaluación de 2002 apareció un nuevo empleo para los hombres y mujeres de letras: las clases de español. ¿Cuánto se paga? ¿Quién consume? ¿En qué convenio laboral están? Turismo, marketing y unos cuantos problemas sindicales.
Por Ana Mazzoni y Damián Selci
1. En el principio fue el 3 a 1
Absorto en las urgencias del año 2002, el reflexivo doctor Roberto Lavagna acaso no tenía tiempo de imaginar que su antídoto contra la recesión (retención a las exportaciones, repunte de la recaudación y un tipo de cambio “competitivo”) lo situaría como padre biológico de la actual revolución cultural que sacude a nuestras pampas. Porque Buenos Aires, qué dudarlo, ya no es la misma. Si antes comprábamos lápices chinos, televisores japoneses y viajábamos a Cancún para estrenar nuestra posmoderna opulencia, ahora nos visitan turistas de todas partes del mundo: alemanes, franceses, brasileños, norteamericanos, suizos, japoneses, finlandeses, chilenos… ¿Qué hacen estos buenos amigos extranjeros? Comen nuestra carne, disfrutan nuestro clima, visitan nuestros museos, bailan nuestra música, aprenden nuestra lengua, admiran nuestros paisajes naturales y urbanos. Todas actividades, es obvio, que se inscriben límpidamente en el marco de la ascendente industria del turismo. No es difícil explicarse que Argentina aparezca en el mapa del viajero del primer mundo como un destino sugerente. Las razones para venir aquí son de varios tipos: culturales (Buenos Aires es considerada “la capital sudamericana de la cultura”), tecnológicas (el país tiene infraestructura como para que un turista europeo pueda mandarle e-mails a sus familiares, lo que ciertamente no es regla en la región), legales (las visas se tramitan con facilidad) y, por supuesto, económicas. El tipo de cambio bajo, espíritu de la época kirchnerista, vertebra los rasgos tentadores de unas vacaciones argentinas en un único cuerpo accesible a todos los bolsillos del mundo.
Que la actual gestión porteña de Macri haya amuchado los ministerios de Cultura y Turismo no es más que una gaffe elocuente, expresión destilada de un vínculo cuya legalidad no puede pasársenos por alto. San Telmo se llena de hostels, Palermo alquila sus viejas casas refaccionadas, el tango se baila sobre Avenida de Mayo y el circuito gay-friendly organiza fiestas electrónicas en Puerto Madero. Buenos Aires, en fin, se peina de todas las maneras posibles para la fiesta del consumo cultural: siendo cosmopolita sabe ser también autóctona, combina el inmaculado empedrado de la Boca con la sofisticación de sus muestras de arte contemporáneo y los teatros izquierdistas de la calle Corrientes. Verdadero crisol de significados, la ciudad admite tantos adjetivos como targets cobija: no es una mercancía, sino un entorno merceológico, un ambiente físico que proporciona las coordenadas semióticas del consumo de mercancías culturales de la más diversa procedencia. Ocurre que en la conformación de la “experiencia-Buenos Aires” concursan toda cantidad de fenómenos y se operan toda clase de situaciones curiosas. Una de ellas, no menor, concierne directamente al idioma español. El hecho está ahí para quien quiera verlo: de la mano del el boom turístico, Buenos Aires se ha llenado de institutos de español para extranjeros. La impronta de estos emprendimientos es tal que se puede calibrar mediante una suscinta comparación: si el joven hombre de letras típico, antaño, se dedicaba al periodismo (y configuraba a partir de eso una tópica: pensemos sólo en Arlt y en Walsh), hoy confía las horas de su día a la enseñanza del objeto directo a un estudiante sueco. De un tiempo a esta parte, entre las opciones laborales reales del lector de Foucault, de Burroughs, de Saer, se destaca prístina la docencia de español para extranjeros. Esta circunstancia pone en concurso un complejo de problemas (culturales, lingüísticos, económicos, educativos) cuya actualidad es fehaciente. Muchas cosas se están jugando ahí y todas requieren atención. No sabemos si realmente la literatura ha experimentado un “giro autobiográfico”, no sabemos si los blogs son privados o públicos, pero lo que es completamente seguro es que una fracción importante del joven proletariado intelectual argentino come todos los días gracias a las clases de español, así como también es evidente que mientras que los dos primeros temas pueden no resolverse jamás sin que eso le cambie la vida a nadie, el último designa un modo particular de ganarse la vida de un grupo de gente específico, en este momento y en este lugar.
2. El nacimiento de una mercancía
Según Carolina Schiarotta, autora de una muy informada monografía sobre el tema, la ubicación de la problemática de la industria de las clases de español encuentra su base en la generalización del interés del mundo por el idioma como tal: si ciertas proyecciones aventuran que en 2050 el español será más hablado que el inglés, ya es posible asegurar que en Estados Unidos el español es la primera minoría lingüística (cf. los esfuerzos de Obama destinados a seducir al electorado hispanoparlante), y existen posibilidades de que China, con sus seis millones de graduados por año, apunte el lente hacia nuestro idioma, con las espectaculares consecuencias comerciales que semejante cosa conllevaría; al mismo tiempo, el Congreso de Brasil sancionó por ley la obligatoriedad de incluir el español como materia optativa en colegios primarios y secundarios, y en las universidades del Reino Unido hubo un crecimiento de los cursos de castellano, a expensas de una caída importante en la matrícula del francés y del alemán. Este esquemático racconto permite dar una idea del contexto mundial de la enseñanza del español, que ciertamente tiene en España su afincamiento tradicional, obvio, tautológico; ahora bien, como ya notaba Schiarotta en 2005, el punto es que Argentina también está en condiciones de ofrecer ese servicio; el punto, más precisamente, es que ya lo está haciendo, y las razones aducidas antes, más otras de diversa pertinencia (el clima bueno, la calurosa hospitalidad de los argentinos, etc…) redundan en la conformación de un perfil de país muy competitivo. Un nuevo mercado se ha abierto: este es el hecho en sí mismo.
Tenemos, entonces, una ciudad convulsionada por el turismo. Schiarotta suministra números significativos: según datos de la Secretaría de Producción, durante 2003 ingresaron al país 2 897 777 turistas, y casi cincuenta mil de ellos lo hacía por razones de estudio, lo que da un 1.4% del total (aunque no se supone que ese porcentaje corresponda estrictamente a estudiantes de español, es de presumir que sí a una parte importante). En este punto se comprueba una marcada tendencia creciente. Para esbozarla, baste decir que de acuerdo a una nota de Clarín, en 2005 ingresaron sólo a Buenos Aires 1 834 203 turistas, mientras en 2006 fueron 2 110 088, y en 2007, 2 300 000. (Es la capital la que cobija, por lejos, la mayor cantidad de turistas. Los especialistas explican esto mediante una terminología vagamente deleuziana: a sus ojos, la ciudad logró “desestacionalizar” su oferta, siendo capaz de ofrecer atractivos turísticos todo el año.)
Argentina destino turístico, Argentina lugar donde estudiar español: cuando la convergencia de estos dos predicados deviene simple indiscernibilidad, entonces se da la condición básica del negocio educativo y turístico. Porque para que el aprendizaje de español pueda convertirse en un nicho rentable a partir del cual abrir institutos, formar y contratar profesores, gastar en publicidad, etc., debe darse una notable inversión dialéctica: no basta con que los extranjeros estudien español para venir a Buenos Aires, deben venir a Buenos Aires para estudiar español. No se trata meramente de aprender a pedir un café sino también de transitar los verbos irregulares, de apreciar los gloriosos detalles del voseo porteño. Lo que sucede es llano y económicamente congruente: el valor de uso llamado “clases de español” se ha amplificado, es susceptible de consumos nuevos, acaso más pormenorizados. Un buen publicista tal vez diría: no se estudia español, se lo “experimenta”, y esto en concordancia con otras experiencias –gastronómicas, deportivas, eróticas… Hoy las clases de español son una mercancía con valor para el turista, al lado de las tiras de asado, las entradas VIP a la cancha de Boca y las excursiones por discotecas encopetadas de Zona Norte. Son producidas en ese contexto y a menudo vendidas en paquete, junto a las lecciones de tango, o en cambio colocadas en la serie del circuito gay. Estamos ante una mercancía de reciente auge, y queda por ver quiénes la producen, siendo claro ya quiénes la consumen. Dado que todo lo que es consumo por un lado es producción por otro, evitémonos el decadentismo de la actual filosofía sociológica, que se florea con adjetivadas descripciones de los hábitos de consumo pero soslaya la inscripción del fenómeno en el marco de las efectivas relaciones de producción. Donde hay un turista, hay un carnicero, un museógrafo, un dj y un profesor de español; siendo este último producto elocuente de la revolución turística resultante de la devaluación del peso, estando su actividad completamente atada a este estado mundial de la economía y la lengua, lo que corresponde es ver en qué condiciones trabaja, cuál es su situación, sus problemas, sus demandas.
La cuestión sindical
Desde que el joven profesor empieza a dar sus primeros pasos en el mercado de la enseñanza de español para extranjeros, sufre las consecuencias de no pertenecer a ningún sindicato. Cae desde la nada en un instituto donde su jefe le impone la tarifa, le regula las horas y le paga cuando quiere. Sus compañeros de trabajo, que están en la misma situación que él, suspiran resignados o insultan al aire: nada de esto contribuye a disminuir su sensación de soledad gremial. A la deriva, metafísicamente solo, escribiría de buen grado elegías al sindicalismo perdido y las ocho horas. Tan romántica incomunicación podría ser compensada con un volumen de datos útiles; démosle curso a eso.
El joven profesor no siempre trabaja todos los días, ni trabaja todos los días la misma cantidad de horas. Su “jornada” laboral varía según los alumnos que el instituto consiga y la voluntad del director, quien permanentemente evalúa si le gusta o no su docente, si tiene más o menos antigüedad que los otros, si su perfil coincide mejor o peor con el de la clientela del instituto (esto último, en caso de que el marketing esté afilado). En los cursos de español que dictan las universidades los profesores entran a trabajar en calidad de “docentes universitarios” y por esa razón gozan, cuando efectivamente entran al plantel, de los beneficios del derecho laboral. Pero los institutos privados, que son la gran mayoría, el profesor está por regla en negro, bajo una trampa universalmente admitida, esa mentira de la época: el monotributo. ¿Por qué una mentira? Porque legalmente, si se factura todos los meses a la misma empresa durante un año o más, se entiende que existe una relación de dependencia encubierta bajo la forma de una locación de servicios. En dos palabras: fraude laboral. Al tener a sus empleados como autónomos, la empresa se evita el pago de las cargas sociales correspondientes. No realiza aportes jubilatorios, que caen enteramente sobre los hombros del trabajador; elude también el pago del aguinaldo, las vacaciones, las licencias, la obra social. Además, si quiere dar por concluida la relación laboral, no paga ni una moneda de indemnización. Todos estos perjuicios, de manera paradójica, son presentados por el dueño del instituto como ventajas, y efectivamente terminan apareciendo como tales ante el trabajador: si está como monotributista, el profesor, que seguramente estudia en la universidad, podrá regular sus horarios según le convenga; si quiere irse a un mejor trabajo, podrá hacerlo sin decir agua va (lo mismo vale si deciden echarlo); si quiere días para estudiar, los tendrá (sin cobrar); si está enfermo, podrá llamar y decir que no va a dar la clase (y la perderá); si quiere irse de vacaciones de mochilero a Centroamérica por dos meses, adelante (sin goce de sueldo). La relación de dependencia encubierta, además, significa que la antigüedad no cuenta, y que los aumentos de sueldo se rigen por la habilidad de negociación del dueño y la raramente colectiva capacidad de presión del cuerpo docente, todo esto sin ningún tipo de control arbitral.
De instituto a instituto las tarifas son totalmente variables. Un profesor puede migrar y ganar dos pesos más por hora, pero no hay nada que pueda tomarse como patrón de referencia para un reclamo. La hora de clase suele oscilar de los 14 a los 33 pesos, y una cuenta simple permite ver que a fin de mes, con un supuesto de 5 horas de clases por día (lo cual ya es decir bastante), en un caso se perciben $1400, y en el otro $3300, siempre por el mismo trabajo. Esta diferencia se emplaza en diversos factores: las instalaciones, la zona, el tipo de público al que apuntan (adultos, jóvenes, empresarios inversionistas, turistas multiculturales), los servicios adicionales (alojamiento, paseos, tours, clases de tango, de conversación, clases de español orientado a determinadas áreas o tópicos: economía, derecho, medicina, conversación, etc.). Pero semejante diversidad no se limita a agotar las posibilidades lógicas del arco tarifario: faltando un valor standard de la hora de trabajo, los sistemas de pagos son caprichosamente disímiles. En ciertos casos se paga por hora, fijo, sin importar la cantidad de alumnos que tenga el curso; en otros, se paga de acuerdo a la matrícula de alumnos y al carácter grupal o individual de la clase; otros agregan algunos pesos si las clases se dictan fuera de la Capital Federal.
Todas estas características que hacen a la inestabilidad y precariedad laboral se relacionan íntimamente con la altísima atomización y dispersión de la oferta de institutos. El primer síntoma es la falta de datos oficiales actualizados: de acuerdo a la monografía de Schiarotta, el Ministerio de Turismo consignaba en el año 2005 tan sólo 20 instituciones, privadas o públicas, dedicadas a la enseñanza de español; hoy, si se le pregunta a jóvenes estudiantes de letras de qué trabajan, dirán los nombres de otros cien establecimientos. ¿Y el Centro de Estadísticas del Gobierno de la Ciudad? Nada dice, nada sabe, como tampoco sus dependencias. Google, más solícito, había arrojado 1 260 000 de entradas a la búsqueda “clases de español en buenos aires”, y sólo en las diez primeras páginas aparecían 34 instituciones.
La atomización se relaciona con dos factores básicos: en primer lugar, el escaso control oficial. Estos institutos, en su gran mayoría, no expiden títulos oficiales, a lo sumo preparan a los alumnos para que den algún examen como el DELE, expedido por el Instituto Cervantes, o el de la UBA. Por lo tanto, ¿para qué registrarlos? El otro factor, más interesante aún, tiene que ver con las mediocres condiciones de trabajo que se dan en los institutos en general. Sin antigüedad que valga, la forma más rápida de ascender dentro del rubro es hacerse jefe de sí mismo. Así, cualquier profesor, luego de seis meses de aprender el oficio (el tiempo es breve por el grado de improvisación de la actividad), empieza a tener el sueño del instituto propio. No es difícil: debido justamente a la falta de control, con un departamento más o menos bien ubicado, un poco de gramática, algunas pizarras de plástico y un par de amigos, cualquiera puede tener su propia institución dedicada a la enseñanza del español para extranjeros. De ese modo, no hay intermediarios que se cobren con una comisión (variable), y el profesor puede quedarse con todo el dinero que pagan sus alumnos.
Altísima dispersión, profunda desprotección legal. El profesor, entonces, se pregunta qué hacer. Harto de la resignación generalizada en sus compañeros de trabajo, decide ir adonde corresponde, el Sindicato de Docentes Privados, SADOP, que está dentro de la CGT. La respuesta de los asesores del SADOP con seguridad habría interesado a Alfred Jarry: no hay sindicalización posible, al menos por esa vía, la del sindicato (¿?). De acuerdo con la normativa, y siempre según SADOP, las condiciones de trabajo del profesor de español para extranjeros son las mismas que si el hubiera decidido poner una academia con amigos y dar clases (sic). Se plantea así un círculo vicioso sindical, según el cual el sindicato no puede intervenir a menos que las condiciones de trabajo se ajusten a la de los trabajadores que ya están enmarcados dentro del convenio que firmó el sindicato. Un caso real confirma este absurdo: de acuerdo al testimonio de un joven profesor de español que trabaja en un instituto de la Capital Federal, su jefe quiso ponerlo en blanco, pero no pudo hacerlo porque no existe convenio para el cual hacer el contrato (pues las condiciones de trabajo de, por caso, un docente de una universidad privada y uno de un instituto no son exactamente las mismas, empezando por la cantidad variable de horas). La única vía, según SADOP, es ir a plantear el caso al Ministerio de Trabajo. Aquí se abren dos opciones: agotadas las instancias de negociación con la patronal, el profesor puede reclamar individualmente con un abogado en el Ministerio, conminando a la empresa a que lo blanquee (recordemos, este reclamo es de carácter individual). Si la empresa se niega, lo que es probable, puede darse por despedido, ir a mediación y si la misma falla, a juicio. El otro camino es hacer la denuncia en la Policía del Trabajo, que puede abrir un sumario para probar el fraude laboral, e intimar a la empresa a blanquear a sus empleados.
4. Lengua y política, en serio
En resumidas cuentas, ésta es la situación. El sueño del instituto propio es razonable hoy pero inseguro mañana: estando tan atado el negocio a los vaivenes del turismo, una alteración menor en el tipo de cambio tendría consecuencias drásticas en la demanda de clases de español. Quienes en ese escenario estuviesen en negro, o fuesen sus propios jefes, carecerían de toda defensa y terminarían inexorablemente desocupados. Si es fácil independizarse, es fácil también perder el trabajo, y para la ley ambas cosas son lo mismo: sombras nada más. El sindicato se comporta tautológicamente: el docente de español no existe porque no está en ningún gremio y no está en ningún gremio porque no existe. Pero supongamos que esta desidia es habitual o folclórica. Más llamativo es que los mismos profesores, todos ellos esmerados universitarios con un caudal de lecturas izquierdistas muy por encima de la media nacional, desconozcan sus derechos laborales básicos, sus propios intereses como trabajadores. No es increíble que un obrero textil boliviano no tenga conciencia de clase, pero en un hombre de letras a punto de recibirse la falencia resulta bizarra. Ahora bien, esto es justamente lo que sucede todo el tiempo. Y tal vez una de las causas se pueda buscar en la bibliografía obligatoria del joven estudiante de hoy. Después de leer mil veces que el proletariado ya no existe más, que lo mató el post-fordismo, que hay que devenir multitud, que el campo cultural es irreductible, etc., etc., no es raro que los jóvenes sean inaptos para organizarse y pedir un inocente aumento salarial, pues con ello no sólo están exponiéndose prácticamente ante el patrón, sino también teóricamente ante sus profesores. Lo que les queda, entonces, es la simple lamentación, la solidaridad en el berrido: no son proletarios (porque para ello, han leído, es imprescindible tener la piel negra, usar overol, carecer de modales, desconocer a David Bowie, siendo secundario aquello de “vender la fuerza de trabajo en la sociedad de las mercancías”), y no obstante padecen las miserias de pertenecer a la clase explotada, esa que supuestamente no existe. La teoría cultural, la teoría literaria, la sociología postmarxista, o sea: el nauseabundo sistema de teorías inútiles que reina inmaculado en los centros intelectuales ha logrado producir un trabajador tan calificado como desorientado, tan bilingüe como ignorante, a un tiempo cosmopolita, culto e impolítico. Podría ser hora de perimir las elucubraciones fantasmagóricas (tan caras a catedráticos, periodistas e intelectuales en general) acerca de si la lengua es o no es política, para pasar a considerar al conjunto humano que realmente trabaja con la lengua, vendiendo su fuerza de trabajo en un contexto de desprotección y anarquía. En este momento, en Argentina, se enseña generalizadamente español, se paga por español y se trabaja de profesor de español. El hecho es que la actividad está en negro; el hecho es que los profesores ven en sus patrón un amigo, un par, a lo sumo una mala persona que los esquilma, pero no ven la contraposición estructural de intereses. Ningún discurso contemporáneo sobre la lengua debería soslayar esto: ¿cuáles serían, si no, las tareas de una verdadera crítica cultural?
POSDATA: sobre el cierre de esta edición nos llegó, vía mail, el dato de un blog que postea información importante en lo concerniente a problemas de los profesores de español; también intenta motorizar actividades reivindicativas. El link es http://www.explotele.blogspot.com/
jueves 27 de noviembre de 2008
EL MARTES 9/12
METELE
Movimiento de estudiantes y trabajadores de español como lengua extranjera
CONVOCA A UNA TERCERA REUNIÓN
9/12 19hs
Argañaraz 22
Para charlar:
-Blanqueo y estabilidad laboral
-Salario mínimo igual a 1/2 canasta familiar: $2000 por 4 horas diarias.
¿Por qué el blanqueo?
Si ganás $20 por hora, trabajás 4 horas diarias y sos monotributista, a tu sueldo descontale:
-$800 de vacaciones (2 semanas) que no te pagan
-$1600 de aguinaldo que no te pagan
-$1320 de monotributo que no te pagan
TOTAL= $3720 por año, $310 por mes. O sea: tu sueldo de "$1600", en realidad es de $1250.
Tampoco tenés:
- aportes (obra social y jubilación)
- licencias (estudio, enfermedad, embarazo, razones personales)
- ART
ATENCIÓN
Si tu jefe te dice: No te puedo blanquear porque en la temporada baja no tengo alumnos.
Pensá que todos los rubros de la actividad económica tienen altibajos durante el año. Con ese criterio no habría ningún trabajador en blanco.
Además hay profesores que tienen trabajo todo el año, ¿por qué no se los blanquea?
Si tu jefe, encima, te dice: Además, vos no estás en negro porque sos monotributista.
Pensá que eso es falso, porque el monotributo es un impuesto para cuentapropistas y no para trabajadores en dependencia, como es el caso de los docentes de español que trabajan en institutos. Con el monotributo el trabajador paga los impuestos que tiene que pagar el empleador, y no tiene derechos que le corresponden.
Si pensás que todo esto está muy bien, pero "yo en esto de las clases estoy de paso"...
Pensá que la flexibilización laboral afecta a todos los trabajadores, y no se va a terminar hasta que el último trabajador en negro esté en blanco.
METELE
¡Vení! ¡Difundí!
Datos personales
- METELE
- Movimiento de educadores y trabajadores de español como lengua extranjera contactometele@gmail.com








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